lunes, 3 de febrero de 2014

La corteza de asociación y el aprendizaje*
Denis Frank Cunza Aranzábal [1] 

Introducción
     El estudio del aprendizaje ha despertado el interés de numerosos investigadores a lo largo de la historia, y cada uno desde diversos puntos de vista, los cuales fueron  en un principio religiosos, luego o al mismo tiempo filosóficos, y finalmente científicos.
     Al ser el aprendizaje un proceso psicológico no ha sido abordado desde un punto de vista científico separado de la filosofía sino hasta después de 1879, cuando Wilhem Wundt fundó el primer laboratorio de psicología en Leipzig y estudió los procesos mentales desde un punto de vista estructuralista, en el que la introspección formaba parte esencial del trabajo de investigación científica, como herencia cercana de los antecedentes filosóficos de la psicología.
     Ya en 1900 un fisiólogo ruso llamado Iván Pavlov mientras estudiara la fisiología del sistema digestivo de los canes, descubriría sin proponérselo que un estímulo que por naturaleza no produce un determinado tipo de respuesta, podía producir dicha respuesta por medio de la asociación  repetitiva con otro estímulo que naturalmente sí produce dicha respuesta específica. Pavlov daría entonces a conocer al mundo científico lo que hoy conocemos como condicionamiento clásico.
     Posteriormente, el legado de la investigación del comportamiento por el método científico sería llevado al hemisferio norte del nuevo continente, donde, a través de los estudios de Edward L. Thorndike y B. F. Skinner nacería el behaviorismo, fundando entonces bases sólidas para el estudio del aprendizaje desde un punto de vista objetivo.
     Así mismo, paralelamente a los descubrimientos en materia de conducta, a partir de 1865, con el trabajo de Paul Broca se estaría dando inicio a una nueva ciencia, en la cual se buscaba identificar las funciones específicas de diversas áreas del cerebro. Seguirían posteriormente los estudios de Wernicke y entre otros resaltarían los descubrimientos de Alexander Luria, que establecería todo un sistema de evaluación de las funciones corticales que daría origen a la ciencia consolidada llamada hoy neuropsicología.
     Ambas líneas de investigación, tanto la conductual como la neuropsicológica han podido brindar información  cada vez  más clara acerca de cómo aprendemos, siendo de gran implicancia en la vida cotidiana del ser humano así como en la comprensión de su propia naturaleza, pues el ser humano aprende a cada momento, y por supuesto, no dejará de aprender nunca.
     La relación entre conducta y funcionamiento cortical puede ser directamente establecida a través de la corteza de asociación, que fue descrita por Luria en su modelo de procesamiento cortical jerárquico secuencial, lo que brinda a los estudios actuales una perspectiva más clara de cómo la corteza participa en los procesos de aprendizaje. Recapitular de forma sucinta la relación entre el campo del aprendizaje desde el punto de vista conductual y el de la neuropsicología a través del concepto de las áreas de asociación es el propósito del presente trabajo monográfico.

La corteza de asociación y los procesos de aprendizaje
1. Antecedentes históricos.
     A lo largo de la historia se ha tratado de definir cuáles son las regiones anatómicas en las que se encuentran localizadas las diversas funciones cognitivas, emocionales y conductuales, es así que en los tiempos del antiguo Egipto se creía que cada órgano cumplía algunas de estas funciones, pero que el cerebro no participaba de las mismas, considerándose como un órgano sin utilidad, es más, en los procesos de momificación este órgano era removido por las vías nasales y desechado como un órgano inútil para la “otra vida”, mientras que los demás órganos eran cuidadosamente guardados en frascos finamente adornados, pues se creía que estos servirían para que el difunto tuviese una buena y justa recepción en el más allá. Los griegos por su parte, tenían diversas hipótesis acerca de este tema, algunos consideraban que el centro de las emociones era el corazón u otro órgano, y entre tantas hipótesis se encontraba la “hipótesis cerebral” de Hipócrates, quien consideraba que todas las pasiones, emociones, pensamientos, tristezas y alegrías encuentran su origen en el cerebro. La conclusión de Hipócrates no estuvo basada solamente en una postura filosófica, sino más bien estuvo fundamentada en la observación de casos, que ha sido y es hasta ahora uno de los métodos más efectivos de las neurociencias (Rains, 2004).
2. Concepciones actuales acerca del procesamiento de la información en la corteza cerebral.
     En la actualidad, los estudios científicos dan la razón a Hipócrates, y se ha podido ver desde una postura holística que diversas áreas del cerebro cumplen funciones específicas, pero que el cerebro actúa como un todo en el que no se puede prescindir de alguna de estas áreas sin que el todo se vea afectado, lo que es conocido como el enfoque sistémico del funcionamiento cerebral. En palabras de Ardila y Ostrosky-Solís (2007):
     “Actualmente la organización funcional del cerebro se concibe como una combinación dinámica de sistemas complejos de áreas cerebrales con fines específicos e inespecíficos y con interconexiones múltiples. Se ha rechazado la concepción del cerebro como un mosaico de centros claramente delimitado, cada uno de ellos a cargo de una función psicológica específica”. (p. 32).
     Uno de los investigadores que ha dejado una estela de amplia investigación en este campo ha sido el neuropsicólogo ruso Alexander Luria (1902 – 1977), quien realizó sus investigaciones acerca de las funciones de la corteza cerebral a través del estudio de casos de personas que habían sufrido lesiones cerebrales. Este investigador observó que las personas que sufrían lesiones en determinadas zonas de la corteza cerebral perdían funciones específicas. Luria estableció a consecuencia del estudio de estos casos un mapeo de las funciones cognitivas y motoras del cerebro humano localizando dichas funciones en amplias áreas de la corteza cerebral, y desarrollando luego un modelo de procesamiento de la información llamado hoy en día el modelo de procesamiento cortical jerárquico secuencial de Luria (Rains, 2004).
     Para poder comprender dicho modelo, se han de tener en cuenta las vías por las cuales la información ingresa a la corteza cerebral. Así, de forma sintetizada, se puede decir que la información de todas las vías sensoriales -a excepción de las vías olfatorias- pasan por una estación obligada, el tálamo, después del cual se dirigen a la corteza cerebral (Snell, 2007).
     La información sensorial no llega a cualquier área de la corteza cerebral, sino que llega en primer lugar a la corteza sensorial primaria específica para cada vía sensorial. Es así que existe una corteza visual primaria, una corteza auditiva primaria y una corteza somatoestésica primaria. A la corteza primaria es donde llega la información sin haber sido procesada o elaborada, de allí pasa a la corteza secundaria que también es específica para cada tipo de información sensorial (corteza visual, auditiva y somatoestésica secundaria) donde es refinada y procesada dentro de su tipo específico de información sensorial. Estas áreas primarias y secundarias se encuentran distribuidas  en diversas zonas del cerebro, es así, que las áreas visuales primaria y secundaria se encuentran en la corteza del lóbulo occipital, específicamente a los bordes de la cisura calcarina, en el área 17 de Brodmann la corteza visual primaria y en las áreas 18 y 19 la corteza visual secundaria. El área auditiva primaria se ubica en el área 41 de Brodmann a la altura de la primera circunvolución temporal, en el labio inferior de la cisura de Silvio. El área auditiva secundaria incluye las áreas 22 y 42 de Brodmann, que se encuentran ubicadas alrededor del área auditiva primaria. La corteza somatoestésica primaria se encuentra en el área post central 3, y la corteza somatoestésica secundaria se encuentra en el área post central media 1 y área post central posterior 2, ubicadas en los lóbulos parietales, detrás de la cisura central o de Rolando (Ardila & Ostrosky-Solís, 2007).
     Las áreas olfatoria y gustativa se encuentran en la superficie ventral de la corteza frontal y en la corteza temporal respectivamente, la información sensorial de la corteza olfatoria posee un procesamiento diferente al de la corteza sensorial visual, auditiva o somatoestésica, pues el sentido del olfato recoge información a partir de moléculas disueltas en el aire y no a partir de estímulos físicos como la luz, el sonido o el tacto. Respecto a las sensaciones gustativas, estas son las menos comprendidas y se sugiere que se procesan a nivel del labio superior de la cisura de Silvio (Rains, 2004).
     Es de resaltar que otro investigador del siglo XIX, llamado Paul Flechsig estableció una nomenclatura similar a la citada anteriormente para las áreas corticales de procesamiento, llamándolas áreas primarias, secundarias y superiores, siendo las primarias las que reciben información específica de una modalidad sensorial, las secundarias que procesan un tipo de información sensorial recibida de las primarias y las superiores que combinan la información sensorial de diversas modalidades sensoriales. Las ideas de Flechsig influyeron de sobre el estudio de las funciones cerebrales durante el siglo XX. (Kolb & Whishaw, 2006).
     El modelo de procesamiento cortical jerárquico secuencial indica que la información sensorial de las áreas secundarias pasa para su procesamiento final a las áreas terciarias o áreas de asociación en la corteza temporo-parietal, donde la información de las diversas vías sensoriales es integrada de tal forma que provee al individuo un paquete de datos completos del exterior, en la medida que sus sentidos se lo permiten. Se consideran de especial relevancia las áreas 39 y 40 en la corteza parietal (Ardila & Ostrosky-Solís, 2007, Rains, 2004).
     La información sensorial integrada es transportada a través de la sustancia blanca desde la corteza de asociación sensorial a la corteza motora de asociación en las áreas 9 y 46 en los lóbulos frontales, lugar donde se procesan las funciones motoras superiores como la planeación y otras funciones de tipo ejecutivo produciéndose nueva información motora, la cual es enviada al área motora secundaria en el área pre central 6, donde se procesan movimientos específicos y esta información es enviada a la corteza motora primaria en el área pre central 4 o la circunvolución pre-central, de donde viaja a través de las vías eferentes hacia los músculos diana que serán los que realizarán la respuesta motora final (Ardila & Ostrosky-Solís, 2007).
     La planeación se caracteriza por la selección de programas motores generados en situaciones pasadas y que han resultado exitosos, esta selección es realizada por la corteza motora de asociación. Así, se puede reconocer la importancia de las regiones frontales del cerebro, teniendo en cuenta específicamente ciertas áreas de corteza que participan activamente en la adquisición de conocimientos (Cardinali, Neurociencia aplicada: sus fundamentos, 2007):
-       La corteza prefrontal dorsolateral, que participa en mecanismos de aprendizaje, así como en el establecimiento de planes y decisiones.
-          La corteza prefrontal medial, involucrada en la atención.
-   La corteza orbitofrontal, que por ser parte del sistema límbico desempeña un papel importante en el control de las respuestas emocionales.
     Como puede observarse, los elementos esenciales para el aprendizaje implican planeación, atención y control emocional. La atención es importante porque es necesario que la persona dirija de manera voluntaria sus sentidos a estímulos determinados, dejando de lado los estímulos en los que no desea centrar su atención. El control emocional resulta de vital importancia para el aprendizaje, porque es necesario para mantener el interés en el material a aprender y para enfrentar adecuadamente cualquier sentimiento de frustración mientras se adquieren nuevas destrezas.
3. Características de la corteza de asociación.
     Según Purves, y col., (2008), actualmente se cree que la corteza de asociación ocupa aproximadamente el 80% de la neocorteza, mientras que la corteza sensorial y motora primarias ocupan solamente el restante 20%, resaltando así la importancia del estudio de la corteza de asociación para comprender las funciones cognitivas humanas, las cuales se pueden definir ampliamente como “la capacidad para prestar atención, identificar y actuar significativamente en respuesta a estímulos externos o internos complejos”. (p. 706).  
     La corteza de asociación además tiene como característica que posee las seis capas histológicas de distribución citoarquitectónica propias de la corteza (Kiernan, 2009) , evidenciando una complejidad mayor a la de las áreas primarias.
     Se puede considerar que existen tres grandes áreas de asociación en el cerebro humano, las cuales son (Cardinali, 1992):
a)    La corteza de asociación parieto-témporo-occipital que constituye un área especializada en el lenguaje y en el procesado de la información sensorial polimodal.
b)    La corteza de asociación frontal que participa en la conducta cognitiva y la planificación motora.
c)    La corteza de asociación límbica participa en la función motivacional o afectiva (porción orbitofrontal) y fijación de la memoria (porción temporal).
     Cada una de estas grandes áreas de asociación pueden subdividirse en dos tipos principales: áreas unimodales y heteromodales. Las áreas unimodales son específicas para un tipo de información sensorial, en cambio las áreas heteromodales reciben información trimodal y bimodal, es decir de dos o tres tipos de información sensorial. Así mismo, las áreas de asociación sensitiva unimodal poseen dos componentes, uno proximal (upstream), y uno distal (downstream), siendo esta división establecida por la distancia medida en número de sinapsis, puesto que las proximales se ubican a una sinapsis de distancia de las áreas primarias correspondientes, mientras que las distales se ubican a una distancia de dos o más sinapsis del área primaria correspondiente. (Nieuwenhuys, Voogd, & van Hijzen, 2009).
     La corteza de asociación, ya sea parieto-témporo-occipital, límbica o frontal, recibe información de vías provenientes del tálamo, de los llamados núcleos talámicos de asociación, los cuales son el pulvinar y el grupo medial dorsal. El pulvinar, que recibe proyección de los tubérculos cuadrigéminos superiores, de la vía auditiva y de la corteza visual primaria, pero que proyecta fibras hacia la corteza de asociación parieto-témporo-occipital. El grupo medial-dorsal o dorsomedial que recibe proyecciones desde la corteza olfatoria y amígdala y proyecta fibras a la corteza de asociación prefrontal (Cardinali, 1992).
     Según Nieuwenhuys, Voogd, y van Hijzen, (2009) En general se puede indicar que la corteza de asociación  incluye diversas áreas de la corteza cerebral, las cuales se pueden indicar en términos de la distribución citoarquitectónica establecida por Brodmann (Área de Brodman = AB).
     Así, la corteza de asociación unimodal somatosensorial se considera que incluye parte de AB5,7 y AB40 ubicadas en el lóbulo parietal superior e inferior respectivamente e inmediatamente detrás de las áreas somatosensoriales primarias o AB1,2,3. La corteza de asociación unimodal auditiva se encuentra ubicada en AB22 alrededor del área auditiva primaria que incluye AB 41 y 42 ubicadas en el giro temporal superior inmediatamente encima del planum temporal. La corteza de asociación unimodal visual proximal  incluye AB18 y 19 ubicadas alrededor el área visual primaria o AB17 en los flancos de la cisura calcarina en la corteza occipital, y la corteza visual unimodal distal incluye AB20, 21 y 37, siendo esta división proximal y distal la única claramente establecida en el ser humano. Las áreas motoras de asociación por su parte incluyen AB6, conocida también como el área motora suplementaria o M2 y la parte posterior de AB8 además de AB44 (Nieuwenhuys, Voogd, & van Hijzen, 2009; Micheli, Nogués, Asconapé, Fernández, & Biller, 2002).
     Según Bradley, Daroff, Fenichel, y Jankovik, (2006),  la corteza de asociación heteromodal se localiza en dos zonas principales, una psoterior y otra anterior, la corteza de asociación heteromodal posterior se localiza en el lóbulo parietal posteroinferior, especialmente a nivel del girus angularis y permite la asociación de información sensorial de modalidades distintas, por ejemplo la asociación de la palabra impresa barco, la imagen de un barco y el sonido de la palabra barco. El resultado de este tipo de asociaciones es lo que llamamos “concepto” de algo.
     Por su parte, la corteza de asociación heteromodal anterior se localiza en la región prefrontal lateral (Goldman-Rakik, 1996, citado por Bradley, Daroff, Fenichel, y Jankovik, 2006), y se considera que ésta área está relacionada con la atención o “memoria activa”, con el almacenamiento ordenado de estímulos y la planificación motora, lo que se conoce como “funciones ejecutivas” del cerebro. En la corteza anterior también se puede mencionar otra zona de asociación llamada también supramodal y corresponde a la corteza orbitofrontal que presenta conexiones con el sistema límbico y con los procesos autónomos viscerales y emocionales, y por lo tanto participa en “las emociones, los deseos, impulsos y en la integración de los estados internos del organismo con las sensaciones procedentes del mundo externo” (p.66).
     Cardinali, (1992) también menciona que se ha descubierto que en ser humano la corteza de asociación parieto-témporo-occipital se conecta con la amígdala proporcionando el sustrato neuronal de las conductas motivadas y emociones, siendo estas conexiones importantes para comparar la información sensorial con los contenidos de la memoria, haciendo que dicha información sensorial sea significativa para la persona.
     Por otro lado, según indican Nieuwenhuys, Voogd, y van Hijzen, (2009), en los primates se han identificado tres tipos de áreas heteromodales: el área heteromodal parietotemporal, el área temporal medial y el área prefrontal, y se ha tomado esta analogía estructural como una evidencia de la distribución de áreas heteromodales en el ser humano, aunque , como indican Bradley, Daroff, Fenichel, y Jankovik (2006), estas asociaciones no son iguales que las del ser humano, ya que éstos últimos gozan de la capacidad de realizar asociaciones imposibles para otras especies.
4. Formación de engramas.
     Si  una neurona es estimulada, esta a su vez  estimula otras neuronas a través de sus conexiones sinápticas, si éste estímulo sucede repetidas veces se realizan cambios estructurales y bioquímicos que permiten el fortalecimiento de la unión entre las células estimuladas en conjunto, formándose así los recuerdos. Los recuerdos son entonces almacenados en varios fragmentos localizados en diversas partes del cerebro. (Sousa, 2002)
     Estos cambios neuronales se denominan engramas, y se producen como resultado del proceso de aprendizaje. Estos engramas se encuentran localizados de forma amplia en.la corteza cerebral, tanto en áreas primarias como secundarias, es así que cuando se estimula con microelectrodos la corteza auditiva primaria, es decir AB41 y 42 durante una intervención quirúrgica, la persona refiere oir ruidos que serían sensaciones auditivas simples, mientras que si se estimula la corteza auditiva secundaria, es decir AB22 que incluye el área de Wernicke en el hemisferio dominante, se producen palabras o sensaciones auditivas complejas, y si la estimulación se realiza en el hemisferio no dominante se producen melodías. Estos resultados hacen evidente que la corteza cerebral también participa en los procesos de memorización (Cardinali, 2007).
5. El aprendizaje a la luz de la ciencia conductual y las neurociencias.
     El aprendizaje es el proceso por el que las experiencias modifican  la estructura nerviosa de un individuo y por lo tanto también su conducta (Carlson, 2006) .
     Es importante recalcar, que como lo señala, aprendizaje y memoria son las dos caras de una misma moneda, y que no se puede hablar de uno sin mencionar lo otro. (Jensen, 2004). Es así, que si se considera al aprendizaje como al capacidad de adquirir nuevo conocimiento o información, la memoria consistirá en almacenar dicha información para poder utilizarla en otro momento. (Soriano, Gemma, Redolar, Torras, & Martínez, 2007). La memoria por tanto es escencial para el aprendizaje.
     Desde el punto de vista de las neurociencias se han estudiado ampiamente los procesos de aprendizaje estímulo-respuesta, tales como el aprendizaje perceptivo, el condicionamiento instrumental y el condicionamiento operante.
     Según refiere Carlson (2006) el aprendizaje perceptivo consiste en aprender a percibir lo que se había percibido en ocasiones anteriores. Podemos aprender a percibir a través de todos nuestros sistemas sensoriales, a través del olor podemos reconocer un objeto, a través del sabor un alimento o una bebida, a través del sonido una melodía, a través del tacto una textura, a través de la vista una combinación de colores, así mismo podemos reconocer a una persona por su forma de caminar o por la forma de su cara. Todos estos tipos de aprendizaje implican cambios en la corteza de asociación de la modalidad sensorial corespondiente. Así, el aprendizaje perceptivo visual implica cambios en la corteza visual de asociación, el aprendizaje perceptivo auditivo implicará modificaciones en la corteza auditiva de asociación.
     El condicionamiento clásico por su parte se produce cuando un estímulo neutro –EN- que no produce una respuesta por sí mismo es presentado junto con un estímulo incondicionado –EI- que produce una respuesta de forma natural varias veces, hasta que esl estímulo neutro se convierte en un estímulo condicionado –EC- produciéndo ahora una respuesta por sí mismo. La respuesta producida por un estímulo incondicionado se denomina respuesta incondicionada –RI- y la respuesta producida por un estímulo condicionado se denomina respuesta condicionada –RC- (Coon, 2005).
     Carlson (2006), sostiene que el condicionamiento clásico se explica por medio de un principio llamado el principio de Hebb, que establece que “si una sinapsis se activa repetidamente al mismo tiempo que la neurona postsináptica emite potenciales de acción, tendrán lugar una serie de cambios en la estructura o en la neuroquímica de las sinapsis que la reforzarán” (p. 456). Esto quiere decir que si tomamos como ejemplo el experimento clásico de Pavlov, en un modelo simplificado en que cada estímulo y cada respuesta son representados por una sola neurona,  si el olor de la carne produce insalivación en un perro, es porque la neurona olfatoria activa a una neurona de insalivación, y, si luego de presentar el olor de la carne al can se hace sonar una campana se produce un estímulo de la neurona de insalivación primero por medio del olor y luego por medio de la campana, entonces la neurona de insalivación aprende a reaccionar ante los dos estímulos por igual. Posteriormente, tras varias repeticiones del proceso, la neurona del sonido de la campana habrá reforzado sus conexiones sinápticas con la neurona de insalivación, produciéndose el aprendizaje.  
     El condicionamiento instrumental u operante en cambio se produce cuando el individuo actúa sobre el medio para obterner algún tipo de recompensa o evitar un perjuicio, de allí su nombre. Las acciones producidas se denominan conductas operantes. Cuando lo que se obtiene al realizar una conducta operante es una recompensa, se habla de reforzamiento positivo, y cuando lo que se logra es evitar algún tipo de perjuicio, se trata de un reforzamiento negativo. Los reforzadores tienen la propiedad de incrementar una conducta. También existe el condicionamiento operante por medio de castigos, teniendo estos el propósito de disminuir e incluso eliminar una conducta. Los castigos puesden ser también de dos tipos: cuando se da al individuo algo desagradable se trata de un castigo positivo, en cambio, cuando se le quita algo deseable para el individuo se le llama castigo negativo. (Morris & Maisto, 2005).
     Teniendo en cuenta el experimento clásico de Skinner, una rata hambrienta en una caja operante buscará la forma de conseguir comida, hasta que descubrirá que al accionar una palanca obtiene el alimento deseado. Este proceso incluye entonces la participación de un sistema de reconocimiento perceptual por medio del cual la rata ve la palanca, un sistema motor por medio del cual la rata mueve la palanca y un sistema de reforzamiento que fortalece la unión entre estas los sistemas de percepción y de acción motora. El sistema de percepción incluye la corteza de asociación sensorial (visual, auditiva, táctil), y el sistema motor incluye la corteza frontal, incluídas las áreas de asociación motora. Las conexiones entre la corteza frontal y la corteza de asociación sensorial pueden ser de dos tipos: una conexión transcortical y una conexión vía nucleos basales. Los núcleos basales reciben conexiones de diversas zonas de la corteza y por lo tanto pueden monitorizar y regular el funcionamiento de las mismas. Los núcleos basales participan finalmente en la consolidación del aprendizaje que se inició en un principio a nivel de la corteza de asociación (Carlson, 2006).
6. Implicaciones de la corteza de asociación en el aprendizaje.
     La corteza de asociación es de vital importancia por su propiedad de realizar integraciones de información e incluso de vincularla con la expresión emocional, y como el aprendizaje incluye principalmente la asimilación de información, su procesamiento y la generación de respuestas correspondientes a dicha adquisición sensorial, es vital reconocer la relación existente entre el aprendizaje y la corteza de asociación.
     Los estudios de caso en el área clínica han mostrado que las lesiones bilaterales en la corteza de asociación parieto-témporo-occipital generan déficit en pruebas de aprendizaje que tienen que ver con la imagen corporal. (Cardinali, 1992).
     Se considera que la corteza prefrontal está vinvulada con el aprendizaje debido a sus conexiones con el hipotálamo y el tálamo, además se sabe que la corteza prefrontal participa en las tareas de memoria a corto plazo. (Soriano, Gemma, Redolar, Torras, & Martínez, 2007).
     Un caso ampliamente estudiado que demuestra la importancia de las áreas de asociación límbica en el aprendizaje es el del paciente H.M., a quien se le sometió a una intervención quirúrgica para disminuir sus ataques epilépticos. A H.M. se le extirpó la formación del hipocampo, el núcleo amigdalino y parte de las áreas de asociación límbicas del lóbulo temporal. La memoria a largo plazo de este paciente era normal, sin embargo no podía adquirir nueva información y no podía almacenarla en la memoria a largo plazo, aún así se demostró que podía adquirir nuevas capacidades motoras a un ritmo normal. (Ortega & Franco, 2010). Se deduce entonces la relación de las áreas de asociación límbica con los procesos de memoria explícita.
     Se deduce la importancia de las áreas de asociación prefrontales porque intervienen en los procesos de planificación necesarios para la adquisición de nuevas destrezas. (Jodar, 2004).
     Las funciones que hacen que el ser humano sea diferente a las demás especies están localizadas también en la corteza de asociación, en lo que se conoce como el área prefrontal, y en ella están los fundamentos del carácter y la personalidad, el control de impulsos y la planificación,  siendo estos procesos como tales aprendidos gracias la corteza de de asociación de los lóbulos frontales que tarda tiempo en consolidarse estructuralmente, tanto así que las áreas prefrontales son las últimas en mielinizarse y en desarrollar mayor número de espinas dendríticas, lo que sucede aproximadamente en la adolescencia tardía (Román Lapuente, Sánchez López, & Rabadán Pardo, 2010).
     En la corteza de asociación parieto-témporo-occipital resalta la importancia del giro angular en el aprendizaje por medio de la utilización del lenguaje, debido a que esta área integra la información verbal con la auditiva y la transfiere al área de Wernicke para su posterior interpretación. (Campo-Cabal, 2012).
  
Conclusiones
     Si bien el cerebro es un todo en el que las partes no pueden prescindir unas de otras, se ha podido localizar áreas cerebrales que cumplen papeles fundamentales para la realización de funciones específicas. Entre dichas áreas se encuentra una porción extensa de corteza, llamada en conjunto corteza de asociación, que cumple la función de integrar tanto información sensitiva como programas motores. Estas áreas han sido estudiadas ampliamente desde un punto de vista anatómico-funcional, pero su campo de extensión en el estudio del aprendizaje puede ser eminentemente prometedor, debido a que induce a pensar que el aprendizaje será más efectivo mientras más vías sensoriales sean estimuladas al adquirir nuevos conocimientos, pues estos serán integrados de manera permanente, y podrán ser evocados gracias a que los engramas relacionados con la adquisición de nuevas destrezas o conocimientos  podrán ser activados desde distintas vías sensoriales. El aprendizaje deja de ser así la acumulación de conceptos sin sentido, para convertirse en una integración abarcante de experiencias sensoriales y motoras.
     El aprendizaje también implicaría la adquisición de conductas morales y por lo tanto de la formación del carácter y de la personalidad, aspectos que estarían localizados en la corteza de asociación prefrontal,  siendo tanto carácter como personalidad elementos escenciales para modular el comportamiento y propiciar el ambiente necesario para la adquisición y consolidación del conocimiento.
     Comprender cómo funciona nuestro cuerpo, y particularmente nuestro sistema nervioso es parte escencial de la educación del ser humano, y constituye uno de los medios más importantes para el cambio en la conducta, pero no ha de quedar en un simple conocimiento teórico, sino que ha de consolidar un aprendizaje llevado a la acción. Podemos hacer así eco de las palabras de una escritora del siglo XIX:
Al ver, por medio del estudio de la fisiología, que están "asombrosa y maravillosamente" formados, sentirán reverencia. 
 E.G. White.
[1] Psicólogo.
*En caso de utilizar esta información, favor de citar la fuente.  

Bibliografía


Ardila, A., & Ostrosky-Solís, F. (2007). Diagnóstico del daño cerebral, enfoque neuropsicológico. México D.F.: Trillas.

Bradley, W. G., Daroff, R. B., Fenichel, G. M., & Jankovik, J. (2006). Neurología clínica (Cuarta   edición ed., Vol. I). Madrid, España: ELSEVIER.

Campo-Cabal, G. (2012). The Biology of learning. Revista colombiana de psiquiatría, 41, 22-30.

Cardinali, D. P. (1992). Manual de neurofisiología. Madrid: Ediciones Díaz de Santos.

Cardinali, D. P. (2007). Neurociencia aplicada: sus fundamentos (Primera edición ed.). Buenos Aires: Médica Panamericana.

Carlson, N. R. (2006). Fisiología de la conducta (Octava edición ed.). Madrid: Pearson Educación.

Coon, D. (2005). Fundamentos de psicología. México D.F.: CENGAGE LEARNING.

Jensen, E. (2004). Cerebro y arendizaje: competencias e implicaciones educativas. Madrid, España: NARCEA S.A. de ediciones.

Jodar, M. (2004). Funciones cognitivas del lóbulo frontal. Revista de neurología, 39(2), 178-182.
Kiernan, J. A. (2009). El sistema nervioso humano. Una perspectiva anatómica. (L. W. Wilkins., Ed.) México D.F.: Wolters Kluwer Health.

Kolb, B., & Whishaw, I. Q. (2006). Neuropsicología humana (Quinta edición ed.). Buenos aires, Argentina: Editorial Médica Panamericana.

Micheli, F., Nogués, M. A., Asconapé, J. J., Fernández, M. M., & Biller, J. (2002). Tratado de neurología clínica. Buenos Aires, Argentina: Editorial Médica Panamericana.

Morris, C. G., & Maisto, A. A. (2005). Introducción a la psicología. Pearson educación.

Nieuwenhuys, R., Voogd, J., & van Hijzen, C. (2009). El sistema nervioso central humano (Cuarta edición ed., Vol. 2). Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.

Ortega, C., & Franco, J. C. (2010). Neurofisiología del aprendizaje y la memoria. Archivos de medicina, 6(1:2).

Purves, D., Agustine, G. J., Fitzpatrick, D., Hall, W. C., Lamantia, A.-S., Mcnamara, J. O., & Williams, S. M. (2008). Neurociencia (Tercera edición ed.). México D.F.: Panamericana.

Rains, G. D. (2004). Principios de neuropsicología humana. México D.F.: McGraw-Hill interamericana.

Román Lapuente, F., Sánchez López, M. d., & Rabadán Pardo, M. J. (20 de Abril de 2010). Universidad de Murcia. Obtenido de Neuropsicología: http://ocw.um.es/cc.-sociales/neuropsicologia/material-de-clase

Snell, R. (2007). Neuroanatomía funcional (Sexta edición ed.). México D.F.: Médica Panamericana.

Soriano, C., Gemma, G., Redolar, D. A., Torras, M., & Martínez, A. V. (2007). Fundamentos de neurociencia. Editorial UOC.

Sousa, D. A. (2002). Cómo aprende el cerebro: una guía para el maestro en la clase (Segunda edición ed.). Corwin Press.

White, E. G. (2005). La educación. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.




No hay comentarios:

Publicar un comentario